“…suelo venir aquí en los días de niebla
para ver cómo el puente
no alcanza la otra orilla.”(Josep M. Rodríguez)
Suelo venir aquí en los días que las otras orillas no se encuentran al otro lado de ningún puente intentando tejer un dialogo entre el éxodo de dos mundos…entre el secreto de dos bocas…entre el encuentro de dos voces…de dos orillas.
…una voz entrega palabras que, propias o ajenas, no desean… no…dormir solas….otra voz entrega su silencio como quien deja morir la piel…la extensión mas secreta de su temblorosa existencia, como quien abre la mano mostrando monedas que carecen de canto, de línea que separe la ambigua memoria de un intento de no aceptar el porque de los instantes sin causa aparente…ojales sin botón…moldeando el deseo de una fatigada mirada.
¿Dialogo de una voz?
¿Monologo de dos mundos?
Y después de tanto tiempo esperando que los silencios arrebataran el fulgor de las sombras…aun ahora, un hiriente latido me dice que las letras inmóviles…solas esperan…
“Están las letras solas…esperando”
esperando…
aferradas a un pasamanos incrédulo, madera madre de Pinochos a la ventura de la desventura.
Esperando.
¿A que se esconda el agua vertida para enjugar los matices de los días olvidados?
Esperando.
¿Envejecer atado a un goteo incesante de días solo es patrimonio de los calendarios…demasiada angustia anhelando que den las doce para tachar el Miércoles de los anaqueles?
Esperando.
¿Para decidir entre un manojo trasnochado de verbos viriles, misóginos frente a la aurora…vaivén de febriles hembras ante el gatillazo de un suspiro?
¿Será una insinuante burla? ¿Será un lánguido carraspeo?
¿Esperando?...a que suban o bajen sin compartir la urgencia de los pasos.
“…cuando el todo nos esta guiando.”
…el “todo” embrutecido.
¿A donde…adonde?...hasta un punto ciego de luz y voz…como si el camino de huida fuera sencillo, cuando el camino de regreso solo se encuentra trazado sobre los crímenes sin victimas…sobre los estanques octogonales de Camors…junto el prójimo que me limosnea parkinsonianas caricias mientras se ata los cordones para bailar “Sweetest Goodbye” de “Maroon 5”con su acomodada codicia (esta canción siempre me regala hojas en blanco).
Mimetizarme con la espera podría resultar una digna variante. Una solución drástica a tanto azul sin argumentos.
Pero…no…ahora cuando somos dos silencios dialogando sobre el estado físico del hollín que tapiza los pistilos…es, ahora, cuando mas me habla lo que no me dices, cuando mas escuchas lo que acierto a esconder.
Es ahora y no antes cuando la transparencia se canso de pedir su turno, es ahora cuando recordar el color, el tacto de la leche es una quimera una quimera inoxidable que cuesta “nata” responder.
Todos van y/o vienen demasiado aprisa:
- ¿Tiene fuego?-
- ¿Tiene hora?-
Nadie tiene nada….que pobres son los que me ceden el paso.
Los continentes se mueven tan despacio que cuando los labios se desmoronan solo son las diez y todos se sientan frente al televisor para sentirse humanos…durante los anuncios. El dolor es una “carta de ajuste”.
Y en el hueco del submundo…compartiendo un “Pilot-05-ball” sin capuchón continuamos desgajando un dialogo de sombras y silencios, de bostezos apagados tras el tallo lacio de unas flores “made in Taiwán”.
Intentare –juro que no miento- robar de los buzones las cartas con membrete carmesí…lo siento, pero ese color no me gusta…y solo deje la publicidad transeúnte que habla de pisos con ascensor y tarima incandescente cerca de “Place des Vosges”, de viajes pagados en aplazados plazos a Latveria…eso si, nunca en autobús para evitar desorden marino en los ojos si al llegar a la parada nadie nos espera…de nuevo solo el silencio que se esconde tras un desértico paisaje de voces y cabezas de avestruz que se empecinan en buscar un agujero donde continuar llorando…lagrimas de cocodrilo. Taimado y caduco Lacoste.
Intentare que antes de partir quede desordenado por orden alfabético…desordenado… pero cautivo del frió vestíbulo tantos y tantos
“vents” y “camins” que no saben de nortes magnéticos ni de meandros que acarician pretéritos mas o menos imperfectos. Desorden antes de la partida.
“…suelo venir aquí en los días de niebla
para ver cómo el puente
no alcanza la otra orilla.” No…de verdad que no…
Solo he venido un rato a que mis manos, ambas izquierdas, aprendan a secarse solas sin tener que recurrir a la mecánica cuantica de las toallas de Marzo… ¿o eran Idus…o Venidus?
Maldito destino con sabor a nuez moscada y estiércol.
No tengo necesidad de que se conozcan entre si…total… ¿para terminar discutiendo por el usufructo de unos garabatos escritos sobre el vaho que parásita el espejo del baño?
¡¡ Vaya herencia de oráculos átonos¡¡
Solo he venido en busca de los restos delatores de un vaso que estrelle… manías…contra una pared para dejar zanjado conmigo mismo si el vítreo proyectil estaba o no medio lleno o medio vacío.
No, que yo no…el vaso.
Pero por más que lo intento y mira que las matemáticas se me daban bien…no recuerdo la fórmula del volumen hipócrita de un cilindro siendo el radio de la base la tersura de las dunas dormidas y la altura…lo siento pero tengo vértigo.
Siempre lo he tenido. Siempre.
Me gustaría recordar cuantas ortigas de cristal quedaron en ese final de la barra que tantas veces visito…. su censo transparente debe ser más o menos igual a el numero de las horas que me presta el musgo de la corteza, a los días que robo en la deshabitada nevera, a los meses que ignoro al resto de electrodomésticos que carecen de sexo definido.
Lava-vajillos-Lavo-bajillas.
Solo he salido un rato…sin dejar de mirar a esa otra orilla donde los silencios hablan y las palabras abdican sobre la piel ajada de los sueños.
Piel extraviada en negro. Sueños y muros. ¿Muros?
Salí a comprar tabaco…no tardare…aunque…no fumo…nadie fuma a este, al otro lado de la orilla
“…todo parece huido”.Salí a encontrar un nombre para vuestro dios. Razón: en la portería de 13 Rue del Percebe.